sábado, 2 de noviembre de 2013

Mi querido ciudad de Abai

Los primeros pobladores fueron obrajeros contratados por José Fassardi, un italiano visionario. Rico no solo en lo económico, sino también en voluntad, instaló en 1887, junto con Portaluppi, otro inmigrante italiano, y Espinoza, quien dicen era paraguayo, un enorme aserradero mecanizado como parte de una gran carpintería y mueblería  que funcionaba a vapor, ubicada en las cercanias del Ybytyrusu, pueblo donde aún sigue en pie aquella estructura y el cual lleva su nombre, “Estación José Fassardi”, antes conocido como “Km 37”.

La firma Fassardi Ltda. S.A. Forestal y Agropecuaria, adquirió 372.000 hectáreas de bosque, entre ellas, todo lo que hoy conocemos como distrito de Abai.

El paraje “Ka’aguy Juru”, como se le conocía en principio por ser la boca de entrada al monte, era una zona boscosa, con árboles nativos como el lapacho, el cedro, Ybyra Pyta, entre otros, que impulsaron a  empresarios como Fassardi, Espinoza y Portaluppi  a instalar entre 1914 y 1915 un aserradero con motores a vapor, que también generaba luz eléctrica, siendo como una sucursal de aquel gran aserradero.
Quizás, las influencias de Fassardi, hizo que en 1918, el  Ferrocarril Carlos Antonio López llegase hasta Abai, en principio, para el transporte de maderas y de obrajeros al gran aserradero de “37”, luego en calidad de medio de transporte para pasajeros, construyéndose una terminal de trenes,  siendo parte de un proyecto que enmarcaba el camino ferroviario hasta Fox de Yguazu, la cual nunca llegó a su fin, quedando Abaí como la “última parada”.

Abai era una zona hostil, boscosa y esteral. Los intrépidos obrajeros, que se encargaban de cortar los árboles, con hachas y machetes, y de llevarlos hasta el gran taller de Fassardi en carro, se enfrentaban a varios peligros, como animales salvajes, propios de bosques vírgenes. Pero eso no era todo, habría que tener aún cuidado porque en el bosque habitaban pequeñas criaturas, con destrezas increíbles, capaces de olfatear a las personas adentradas en el bosque, “volaban” de árbol en árbol. Al principio pensaban que se trataba de una especie de ser mitológico extraño, a los cuales les llamaron “abai”, por su contextura física. Pero no se trataba de ningún caso “paranormal”, eran un grupo de nativos autóctonos. Rápidamente a la zona se le conoció como Abai, hasta hoy.

Hablar de Abai, sin mencionar al ferrocarril es una situación nefasta, ya que forma parte indeleble de su historia. Vagones llenos de soldados Abaienses tomaban rumbo al Chaco para defender a la patria en la Guerra del Chaco (1932-1935) a las órdenes del entonces Cnel. José Félix Estigarribia. Jóvenes, valientes y gallardos abaienses como, Juan José López, Alfredo Montiel, José Dolores Galeano, Simeón Barreto, Justo Acosta, Cleto Escurra,  Francisco “Pancho” Ferreira, Narciso “Chicho” Vázquez, Simeón Vazquez, Venancio López, Doroteo Acosta, Gregorio Roa, Guillermo Duarte, Pablo González Barreto, Laureano Acosta, Victorio Bogado, Ricardo Verón, Alejandro Céspedes, Julio Penayo, Juan Ramón Ocampo, Gilberto “Chive” Acosta, Martín Villar, Agustín Báez Araujo, Juan Simón Rojas, Claudio Paiva, Frabriciano Morel, Manuel de Jesús Pereira, Cayetano Sosa Vargas, Efigenio Ortigoza, Tranquilino Riveros Zarza, entre otros,  son grandes héroes de la patria, héroes abaienses.
En 1940, fallece el ya Gral. y presidente del Paraguay Jose Felix Estigarribia, ascendido como Mariscal. En esa misma escala de tiempo se sucedía un acontecimiento bélico de dimensiones globales: La segunda Guerra Mundial (1939 – 1945). Esta vez, los abaienses no fueron participes directos, pero sí indirectos. Paraguay, por medio del gobierno militar de Higinio Morinigo, exportaba a los EEUU carne, granos, algodón, hasta maderas que serían utilizadas en la contienda. Esto favoreció a muchos agricultores abaienses para vender sus productos, que eran transportados por el ferrocarril, siendo una